Real Aeroclub de Toledo

Volando desde 1966

Otro sueño coronado: echarle los pantalones al Cy-29 (en cirílico, que en cristiano occidental es Su-29).

Todo lo que he volado con y sin motor lo clasificaría, por las sensaciones físicas, así: los dulces veleros, incluidas sus piruetas, los monomotores habituales de hélice, con más vibraciones, calores y olores, pero dulces todavía (y aquí incluyo el T-6 y hasta acrobáticos como la Bücker o el CAP-10, que he tenido la fortuna de volar) y, aunque pueda sorprender, incluso el Saeta es una madre tan suave como el Blanik.   Luego viene “eso”, el Sukhoi.

De “Eso” destacaría un par de cosas:

El mando de alabeo, que apenas tocas la palanca pega una sacudida que, a la primera, no sabes lo que está pasando. Cuando, tras un par de meneíllos de prueba, te has enterado un poco,   comprendes por qué en los vídeos se les ve coger la palanca a dos manos: no es que los esfuerzos sean altos, en absoluto, sino que para mandar con precisión hay que evitar el mando involuntario que viene de la inercia de tu propio brazo en giros tan rápidos y eso se combate mejor con los dos brazos rígidos. Al menos esa es la composición de lugar que me he hecho. Luego, queriendo dar toneles completos, o medios toneles, no es nada fácil pararlo exacto donde quieres, y siempre me pasaba.

La otra es la hélice de paso variable a velocidad constante. Sin experiencia “de combate” con este artilugio, sorprende agradablemente que, desde velocidad cero en la cúspide de los resbales de cola hasta los 350 km/h y más, el bronco ronroneo del motor es siempre el mismo. Da sensación de seguridad. Luego me fui acordando del T-6, en que Carlos Valle me dio hace años algún looping, y ya era así.

Digamos que en esto de las sensibilidades y marcar líneas y hacer figuras más o menos aceptables (no estoy hablando de ruedas de toneles, que ni me lo imagino), la sensación que me ha quedado es que, practicando lo suyo, le acabaría cogiendo la mano.   El despegue, aun no viendo nada por delante y solo las balizas con el rabillo del ojo, entra en lo razonable. El par motor no parece exagerado, aunque Ramón no le daba toda la caña de repente sino tras coger un poco de velocidad, con no mucho trajín de pies. Luego acelera tan rápido que, así de tres puntos, estás enseguida en el aire y se acabaron los problemas.

La toma es lo que más me ha impresionado. Se presenta a final muy alto, que a Santiago le daría, apurando, para cuatro circuitos en velero, la pista se acerca a una velocidad más que preocupante, casi como si uno fuera un proyectil derecho a la cabecera. Luego, sin tiempo para enterarme, morro arriba, no ver nada, flotar algo, y ya está en el suelo con   algo de botes y un trabajo de pies endiablado, sobre todo al final. Para mí estos del Sukhoi son Supermanes. Chapeau , Ramón.

Está de base en Ocaña y lo recomiendo vivamente a todos.

Jaime Julve

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