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José María Bravo, último "as" de la aviación republicana Imprimir Correo electrónico
Viernes 01 de Enero de 2010 23:52

El pasado día 26 falleció José María Bravo Fernández-Hermosa. Algunos socios del club lo habéis conocido personalmente por distintos motivos, y unos cuantos coincidísteis con él hace muy pocas semanas en la inauguración de la exposición de Fernando de la Cueva. A sus 92 años de edad acudía a cuantos acontecimientos sociales y aeronáuticos le permitía su salud, especialmente, y con regularidad, a las exhibiciones de la Fundación Infante de Orleans, en donde, infatigable, firmaba ejemplares de su libro y cambiaba impresiones con cuantos amigos y aficionados se acercaban a saludarlo, y donde pudo disfrutar en los últimos meses viendo volar de nuevo el  I-16 Mosca, el caza que pilotó tanto en la Guerra Civil española como en la II Guerra Mundial. La casualidad ha querido que las últimas de aquéllas dedicatorias en las páginas de los ejemplares de su autobiografía las estampara precisamente en una reunión con un nutrido grupo de nuestros precursores Pajariperros, la gran mayoría de ellos aún eminentes socios del RACT.

De carácter pragmático y amable, José María fue ejemplar en la práctica de la reconciliación. Nunca le escuchamos una mala palabra para con los que en distintos momentos el destino colocó en el papel del enemigo ni exageró la crítica con los propios, reconociendo especialmente como iguales a cuantos como él amaban la aviación. Un ejemplo de su criterio exigente y poco dado a la fantasía lo constituye el hecho de que siempre fuera el primero en poner en duda el número, creciente con el paso de los años, de derribos que distintos autores le han ido atribuyendo. De la misma forma dudaba de la veracidad de las cifras que se anotaban algunos de sus compañeros. "Si hubiéramos derribado tantos aviones como decís, hubiéramos ganado la guerra", solía reprochar a sus compañeros humorísticamente pero siempre molesto con aquéllos dispuestos a olvidar que tras cada uno de estos números en realidad se estaba hablando tragedias humanas.

Para cuantos lo conocimos, aun en ésta última etapa, ha sido un honor y una suerte poder escuchar directamente de su boca algunas de las peripecias de su larga y apasionante vida, no sólo la del piloto, sino la del hombre entrañable, inteligente y lúcido que ha sido hasta su último día.

Para no reiterar demasiado lo que muchos ya saben, me permito incluir un enlace a la nota publicada en la página del Real Aeroclub de España 

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